La automatización masiva en las inversiones

Hay fenómenos en los mercados financieros que se explican por una sola causa, y hay otros que son el resultado de varias fuerzas convergiendo al mismo tiempo en la misma dirección. El crecimiento extraordinario de la inversión indexada en las últimas dos décadas pertenece claramente a la segunda categoría. Los bajos costos, la evidencia académica sobre la eficiencia de los mercados y la democratización del acceso han contribuido, pero hay una fuerza que actúa como catalizador de todas las demás y que rara vez recibe el crédito que merece: la automatización.

El volumen que lo dice todo

Los números son difíciles de ignorar. A principios de este siglo, los fondos de gestión activa dominaban la industria de la inversión de forma abrumadora. Los fondos pasivos representaban una fracción marginal del capital gestionado globalmente. Hoy, los activos bajo gestión en vehículos de inversión pasiva han superado en varios mercados a los de gestión activa, y el ritmo de la transición no muestra señales de desaceleración.

 

Los fondos de gestión activa

 

Ese cambio no ocurrió únicamente porque los inversores estudiaron más sobre finanzas ni porque los costos de los fondos activos se volvieran insoportables de repente. Ocurrió también porque la infraestructura tecnológica que hace posible invertir de forma pasiva, sistemática y automatizada se volvió accesible para una proporción creciente de la población que anteriormente no tenía forma práctica de ejecutar ese tipo de estrategia.

¿Qué hace la automatización?

La automatización transforma la inversión indexada de una estrategia intelectualmente atractiva a una estrategia prácticamente ejecutable para cualquier persona con un teléfono inteligente y una cuenta bancaria.

Antes de la era digital, invertir de forma sistemática en un índice amplio requería esfuerzo activo en cada período: tomar la decisión consciente de aportar, ejecutar la orden de compra, verificar que la operación se hubiera ejecutado correctamente y registrar la transacción. Ese proceso no era enormemente complejo, pero tenía suficiente fricción como para que la mayoría de las personas lo postergara, lo olvidara o lo abandonara en los momentos de mayor incertidumbre del mercado, que son precisamente los momentos en que mantener la estrategia es más valioso.

La automatización elimina esa fricción casi completamente. Una vez configurada la instrucción de aportación periódica, el sistema ejecuta la inversión independientemente de si el inversor está de vacaciones, está atravesando un período de estrés personal o simplemente olvidó que era el día en que debía aportar. La inversión ocurre, el mercado esté donde esté, y el inversor no necesita tomar ninguna decisión activa para que eso suceda.

 

Invertir de forma sistemática

 

Los robo-advisors como puerta de entrada masiva

La pieza tecnológica que más ha acelerado la adopción de la inversión indexada en la última década es sin duda el robo-advisor: plataformas que utilizan algoritmos para construir, gestionar y rebalancear carteras de inversión pasiva de forma completamente automatizada, a una fracción del costo de la asesoría financiera tradicional.

El impacto de los robo-advisors no se mide solo por los activos que gestionan directamente, que son significativos pero todavía modestos frente al total de la industria. Se mide también por el tipo de inversor que han incorporado al mercado: personas que nunca habrían considerado contratar a un asesor financiero por no tener el patrimonio suficiente, que no tenían el conocimiento técnico para construir una cartera por su cuenta y que se encontraron con una herramienta que les hacía las preguntas correctas sobre su perfil de riesgo y horizonte temporal, y construía y gestionaba automáticamente una cartera apropiada a sus respuestas.

Ese inversor nuevo, que llegó al mercado a través de la automatización, llegó mayoritariamente a través de la inversión pasiva. La simplificación que ofrece el robo-advisor es inseparable de la estrategia indexada: es muy difícil automatizar completamente la gestión activa sin que el resultado sea, en la práctica, gestión pasiva con una interfaz más atractiva.

 

Ventajas de los robo-advisors

 

¿Es la respuesta al problema conductual?

Hay una dimensión de la automatización que trasciende la comodidad operativa y toca algo más fundamental: su capacidad para proteger al inversor de sus propios impulsos emocionales.

El mercado de inversión está lleno de personas que entienden perfectamente que deberían mantener su estrategia durante las caídas, que saben que vender en los mínimos es el peor error posible y que, pese a ese conocimiento, venden cuando el pánico es suficientemente intenso. La automatización no cambia la psicología del inversor; cambia el entorno en el que opera esa psicología.

Cuando las aportaciones son automáticas y el rebalanceo lo ejecuta un algoritmo, el inversor tiene menos ocasiones para intervenir emocionalmente en el proceso. Y en los momentos en que siente la tentación de desactivar la automatización, el esfuerzo activo requerido para hacerlo actúa como una fricción protectora que en muchos casos es suficiente para prevenir la decisión impulsiva.

Es precisamente bajo este contexto donde tiene sentido que quienes buscan entender qué son los fondos indexados lleguen con frecuencia a la automatización como parte esencial de la respuesta: no es posible explicar completamente el atractivo de la inversión pasiva sin mencionar que su estructura es inherentemente más compatible con la automatización que cualquier otra estrategia, y que esa compatibilidad es una parte fundamental de su propuesta de valor para el inversor moderno.

 

La automatizada masiva es la respuesta?

 

¿La automatización puede ir demasiado lejos?

No sería honesto concluir sin reconocer que la automatización masiva de la inversión indexada plantea también preguntas sin respuesta sencilla. Cuando una proporción creciente del capital del mercado se gestiona de forma pasiva y automática, siguiendo mecánicamente la composición de los índices sin evaluar el precio de los activos individuales, surgen interrogantes sobre la eficiencia en la formación de precios y sobre la concentración de capital en las empresas de mayor capitalización independientemente de sus fundamentos.

Esos debates, que ocupan a economistas y reguladores en todo el mundo, no tienen todavía una conclusión definitiva. Lo que sí es claro es que la automatización ha sido un factor determinante en el crecimiento de la inversión indexada, y que ese crecimiento ha resultado beneficioso para la gran mayoría de los inversores individuales que han participado en él con un horizonte temporal suficientemente largo.

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